
Responderemos a las crisis según expliquemos sus orígenes y sus causas. El análisis de las crisis y las formas de organización que desarrollamos para hacerle frente son dimensiones indisociables de un mismo proyecto político.
Toda crisis está acompañada de su propio relato. Estamos acostumbrados a que se expliquen como fenómenos pasajeros que se resolverán por sí solos o como «fallos del mercado» que precisan de la intervención estatal. Siempre en ese eje desregulación-regulación, entre los que abogan por un capitalismo «libre» (solo para sus capitales y solo hasta que tengan que ser rescatados) y los que entienden que un capitalismo regulado y tasado es deseable, posible o, en todo caso, el mal menor.
La cuestión es que en nuestro presente no vivimos una crisis energética, financiera, geopolítica y social que discurren en paralelo, sino en una crisis de época.
Si entendemos el capitalismo como un sistema de acumulación basado, en primer lugar, en la apropiación de la tierra / trabajo / energía / de todo el planeta, vía Estado e imperio, podremos entender también las enormes consecuencias del agotamiento físico y social de todo tipo de naturalezas y de la superación de los límites biofísicos del planeta. El problema para el capital es que la extracción de plusvalor y el saqueo de recursos naturales, energía y trabajo humano ha entrado en una espiral de encarecimiento. El calentamiento global que amenaza la vida en la Tierra también es una amenaza para la propia acumulación capitalista.
No estamos en una época de crisis enlazadas, sino en plena crisis del Capitaloceno.
Tal cosa no significa que la máquina se detendrá por sí sola ni de in



