Las formas del estado y las infraestructuras del capital

Por Manuel Bayón, Melissa Moreano, Nadia Romero (Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador)

Como Colectivo de Geografía Crítica del Ecuador hemos planteado que la planificación y el ordenamiento territorial son instrumentos del estado-nación en su histórica articulación con el capital para administrar el sacrificio de ciertas zonas en pos de un supuesto bien mayor: el desarrollo nacional. En términos menos dramáticos, planteamos que el estado, a través de ordenar el territorio, administra la producción de espacios del capital que son, sin falta, espacios de sacrificio, siguiendo al geógrafo Marxista David Harvey.

A finales de 2018 tres de nosotras nos embarcamos en el curso virtual “Las Armas de la Crítica: ¿qué hacer con Marx en el siglo XXI?” de Fundación de los Comunes de España. Este texto, escrito a seis manos, es el resultado de las reflexiones estimuladas por las lecturas.

A manera de introducción:  ¿Cuál es el Ecuador al que nos referimos en nuestro análisis?

En Ecuador, durante el gobierno de la Revolución Ciudadana, se reformó la Constitución y se reconoció la plurinacionalidad del Estado y los derechos colectivos de los pueblos y nacionalidades, se generaron avances en los instrumentos de planificación, sobre todo en cuanto a descentralización y autonomía de los gobiernos locales, y se incluyó los principios del Buen Vivir o Sumak Kausay -cosmovisión ancestral indígena que privilegia el bien común, al ser humano y la naturaleza frente al capital, la destrucción y la acumulación sin límites- como objetivo del plan nacional de desarrollo. La década del gobierno de Rafael Correa fue un período de auge económico, debido a las condiciones del mercado mundial y al alto precio de las commodities, lo cual permitió fortalecer el poder infraestructural del Estado y la planificación, como herramienta para densificar el control e imponer una malla de ordenamiento territorial, justificada por un fuerte discurso modernizador, amparado en el mito del desarrollo.

Como consecuencia, el gasto estatal se multiplicó, generando beneficios en cuanto a salud, educación e infraestructura para la mayoría de la población, pero también beneficiando a los principales grupos económicos del país. Sin embargo, las políticas estatales que el gobierno adoptó, supuestamente para salir del extractivismo, consistieron en impulsar la minería a gran escala, que no existía previamente en el país. Cabe destacar que la economía ecuatoriana está dolarizada desde el año 2000 y cuando el precio del petróleo bajó, el gobierno impulsó con más fuerza el extractivismo no sólo minero sino también petrolero, incluso en áreas protegidas o en zonas con una gran biodiversidad, para acceder a más divisas o a préstamos del gobierno chino, que le permitieran mantener los niveles de gasto en los que había incurrido. Lo cual generó movilización y resistencia social, ante lo cual el gobierno respondió criminalizando la protesta social y utilizando diversas formas de violencia para dar paso a los proyectos extractivos, generando territorios de sacrificio, desposesión y destrucción.

En el Colectivo nos hemos concentrado en el análisis del estado en su histórica articulación con el capital para dar paso a los “megaproyectos del capital” (minería, petróleo, agroindustria, grandes infraestructuras). La línea que asumimos es precisamente una de las que describe Bob Jessop como atribuible a Marx (Jessop, Bob. (2018). Marx y el Estado. Viento Sur, nº 158): la de entender al estado como un instrumento de las élites subordinado a las relaciones de producción capitalistas y en posesión del monopolio de la producción del espacio (esta última parte es cosecha de Henri Lefebvre).

Ahora bien, al artículo de Emilio Santiago Muiño (Muiño, Emilio (2017). Releyendo a Marx ante el Siglo de la Gran Prueba: fetichismo, termodinámica y crisis socioecológica. Constelaciones: Revista de Teoría Crítica, (8), 389-418) nos provee nuevas perspectivas para repensar y complejizar algunos de nuestros supuestos sobre el Estado. Muiño establece claramente que el gran aporte de Marx radica en haber explicado la forma en la cual el sistema capitalista se ha encarnado en las dinámicas sociales, que son inconscientes y que configuran nuestro sistema social. Entre otros, Marx explicó fundamentalmente dos aspectos fundamentales del capital: la autovalorización del valor, que define lo social y ejerce una presión coercitiva cuyo poder se impone y configura las condiciones de posibilidad de cualquier accionar pragmático, incluído el de los Estados-naciones; y el fetichismo, que atraviesa toda la experiencia social del capitalismo y provoca una cosificación de los sujetos y de la vida.

Según Muiño, tal y como están diseñados y estructurados los Estados-nación modernos, dependen de la valorización del capital para recaudar tributos y tener un funcionamiento que cuente con la aprobación de la sociedad, para lo cual utilizan procesos de coerción y consenso, que incluyen el uso de la fuerza y el autoritarismo, sin embargo, toda su actividad está mediada por el dinero, que no se puede generar arbitrariamente. Por lo cual, aunque pueda parecer que el Estado comanda los procesos, en realidad está siempre limitado por las reglas dadas por el mercado mundial y el sistema capitalista. De manera similar, Mario Domínguez explica en este video, que además de que el estado está separado de la sociedad y es una forma de dominación de clase, es una derivación del capital, subordinado a él. Además el estado tiene en su poder el monopolio de la violencia supuestamente legítima (Gellner, 1988).

En esta tarea, y retomando las discusiones de la sesión 1 del curso, (Ripalda, J. M. (2014). ¿Qué hacer con Marx? Isegoría, (50), pp. 21-35.), consideramos que si bien el capitalismo en el S.XX tenía configuraciones espaciales muy distintas a las actuales, las fantasías espaciales del capital continúan generando territorialidades que podemos analizar hoy a través de El Capital de Marx.

Por ejemplo, en América del Sur, el mayor proyecto vial y de infraestructuras de la década fue el eje Manta-Manaos, un corredor de infraestructuras que incluyó 800 km de vías, varios aeropuertos, puertos de aguas profundas, puertos secos, entre otros; lo cual constituye una gran inversión que se plasmó territorialmente. El eje Manta-Manaos se enmarcó dentro de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), iniciativa enunciada en la época neoliberal bajo la influencia del ALCA, el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, un tratado multilateral que los Estados Unidos buscó firmar a inicios de la década del 2000 con los países del continente y que encontró una fuerte oposición de parte de los pueblos de Latinoamérica por lo que no llegó a ser firmado, hecho que marca un hito en la lucha contra el neoliberalismo en la región. Sin embargo, paradójicamente, la IIRSA llegó a ser parcialmente ejecutada durante el periodo de los llamados gobiernos progresistas y pos-neoliberales de la región, entre ellos el de Correa.

Por eso, más allá de los discursos y de su lógica supuesta de implementación, acudir a Marx para analizar las dinámicas espaciales intrínsecas del capital nos permite analizar estas infraestructuras como parte de los intentos de las élites ecuatorianas de inserción en el mercado capitalista global. Así, observamos que pese a estar inserto en un discurso de izquierda de anteponer el ser humano al capital, el proyecto buscaba derribar todas las barreras físicas para mejorar los tiempos de rotación del capital, tal como lo describe Marx en el Tomo II de El Capital.

El proyecto Manta-Manaos nunca ha llegado a llevar una sola mercancía de un lado al otro del eje por las propias contradicciones que el espacio geográfico ha generado de forma multiescalar. Sin embargo, ha generado toda una serie de despojos. Para analizarlos nos sirven también los postulados del geógrafo marxista David Harvey, quien ha logrado espacializar las categorías marxistas. Así, las dinámicas espaciales del capital fijo, las dialécticas de diferenciación e igualación, o las formas en las que se genera desarrollo geográfico desigual son procesos anclados en los postulados de Marx, que nos permitirían explicar la territorialización del capital con el desarrollo de la IIRSA. Por eso urge entrar a fondo en los debates que el marxismo está produciendo actualmente sobre la ideología, la planificación estatal, las formas en las que actúa lo inconsciente del capital o las escalas de producción del espacio del capital.

Con esto en mente, otra arista que nos interesa es complejizar el análisis del rol de la administración del territorio nacional en la regulación de la producción y de la reproducción para la acumulación de capital, en otras palabras, cómo se producen los espacios del capital. En el colectivo analizamos el instrumento concreto de la planificación y el ordenamiento territorial y postulamos que los megaproyectos del capital son impuestos a través de tres tipos de violencias: 1) administrativa (desde la instalación de proyectos de manera inconsulta pasando por la aplicación de la planificación nacional), 2) Violencia velada o indirecta (discursos de desarrollo y del bien común, desalojos planificados, cooptación de dirigentes, creación de organizaciones paralelas) y 3) Violencia directa (criminalización, desalojos violentos, persecución y criminalización, asesinatos). Por ejemplo, el ordenamiento del territorio por el capital y con la avenencia del estado distribuye los espacios de producción de valor, los espacios de circulación del capital (carreteras y mercados locales/globales) y, al hacerlo, dictamina cómo ha de comportarse la población allí, define normas de comportamiento de los cuerpos y de administración de la población que no son homogéneas en el espacio, pues en la ciudad las normas son distintas de las zonas de extracción de materias primas.

Por una parte, nuestro desafío ahora es generar una mirada multidimensional y multiescalar del estado y el capital, el territorio y las relaciones de poder, analizando tanto las influencias e intereses de los grupos de poder al interior del país y del gobierno, como las influencias e intereses al exterior, en el mercado internacional y sus fluctuaciones.

Además, tomando en cuenta la coyuntura nos preguntamos, ¿qué alternativas de lucha y resistencia tenemos frente al accionar cada vez más violento de los Estados capitalistas modernos en el actual repunte de la ultra derecha fascista y neoliberal? ¿Cómo podemos avanzar hacia una revolución de los fundamentos del sistema capitalista y una transformación antropológica radical (Muiño) necesaria para salir de la crisis ecosocial en la que nos encontramos?

Por otra parte, retomando la comprensión y explicación de Marx sobre el estado, el concepto que nos parece crucial es considerar la forma que toma el estado capitalista como una estructura alienada de la sociedad, donde gobernantes y gobernados están separados, así como los momentos político y económico de la dominación de clase, derivada del capital. Por lo cual, en esa misma línea, hemos reflexionado sobre las alternativas como las formas de gobierno comunitario, las comunas andinas, los comunes y el municipalismo, y allí nos ayuda enormemente el planteamiento de Jessop, inspirado en la comuna de París, sobre la necesidad de que la forma de gobierno hacia la emancipación debería ser una que supere la alienación y para eso también nos sirve retomar el pensamiento de Marx para analizar críticamente las alternativas al estado capitalista.

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