El ascenso de los nacional-revolucionarios europeos

Por Grupo de Debate País Valencià

Resumen: El presente trabajo busca caracterizar las organizaciones neofascistas europeas que se podrían enmarcar en las “nacional revolucionarias” atendiendo a los factores que están permitiendo su ascenso, especialmente la connivencia de los partidos de extrema derecha europeos.

Los sucesos acaecidos en los primeros decenios del siglo XX, tales como la Gran Guerra y la revolución soviética, dejaron huella en el pensamiento político de la Europa de aquella época (Rodríguez, 2006), que viró hacia el autoritarismo y la violencia. Según Payne (2014), a raíz de estos cambios sustanciales en la conciencia individual y colectiva, aparecen tres expresiones del nacionalismo autoritario influenciados por el movimiento tradicionalista del siglo XVIII: la derecha autoritaria conservadora, la derecha radical y el movimiento fascista. Si bien los dos primeros pueden clasificarse, en diversas ocasiones, como protofascistas, el fascismo es una ideología que va más allá. No es de extrañar, por lo tanto, que, a pesar de sus diferencias, las tres caras del nacionalismo autoritario recurrieron a alianzas. Según Burrin (en Antón, 2012), el “fascismo” fue la fórmula por la que se decantaron, finalmente, la derecha autoritaria conservadora y la derecha radical, dando lugar al llamado “compromiso autoritario”. Es entendido, este fenómeno, como el proceso de fascistización, ya que el fascismo es visto como el movimiento referente para derrocar el modelo liberal e instaurar una dictadura donde mantenerse en el poder (Rodríguez, 2006).

En la actualidad, se puede observar como la crisis financiera también ha afectado a los partidos tradicionales, beneficiando a las formaciones de nueva extrema derecha. Algunos han cosechado éxitos electorales llegando a ocupar gran parte de los escaños, como es el caso de la Liga Norte, que gobierna en Italia junto con el M5S. Simultáneamente, fuera de los parlamentos, están germinando organizaciones que podrían ser catalogadas como nacional-revolucionarias. Estas formaciones presentan unos planteamientos más extremistas que los partidos de nueva extrema derecha que están en el gobierno. Pero, ¿cuál es el problema? Al parecer, existe una situación de connivencia entre las formaciones que están en el poder y las que su activismo político se desarrolla a pie de calle. Además, debe tenerse en cuenta que el discurso de los partidos de nueva extrema derecha, máxime si están en el poder, normaliza el mensaje de las formaciones nacional-revolucionarias. A largo plazo, estos colectivos tendrían un terreno más favorable de cara a cumplir sus objetivos. Entonces, ¿asistimos a un nuevo compromiso autoritario?

Siguiendo con el caso italiano, además de los partidos de derecha radical nos encontramos con Casa Pound, que podemos definir como un movimiento nacional-revolucionario de la nueva corriente de “extrema derecha”, abiertamente fascista, xenófoba, racista y antieuropeista… Su primera aparición, la ocupación de un edificio en Roma en 2003 como “medida habitacional urgente”, ya anticipa cuál va ser su vector de construcción: generar tejido mediante la acción social a través del vacío que dejan los movimientos de la izquierda, mostrándose como una solución ante los problemas económicos de los italianos. Para comprender su ascenso es necesario contextualizarlo en el comienzo de la recesión económica, agravada por la cuestión de los Refugiados. Es ahí cuando comienzan a implantar su mensaje.

El auge de las organizaciones nacional-revolucionarios también tiene un efecto espejo en el Estado Español. El caso más significativo, sin duda, es Hogar Social Madrid, liderado por Melisa Ruiz. Este movimiento, siguiendo sus homólogos italianos, Casa Pound, también ha conseguido ocupar un espacio físico en Madrid (recientemente desalojado). Además, su impacto ha llevado a que se expanda la marca en otros territorios como Toledo y Granada, que intentan crecer con la misma estrategia.

Sin embargo, no es el único movimiento nacional-revolucionario que intenta avanzar y con cierto éxito en el Estado Español. También debemos poner el foco en las seis organizaciones que firmaron un manifiesto unitario en Enero de 2017 bautizado por algunos medios como alianza ultra: Iberia Cruor (Jaén), Acción Social (Cádiz), Málaga 1487 (Málaga), Asociación Cultural Alfonso I (Cántabria), Centro Social y Nacional (Salamanca), Lo Nuestro (Murcia y País Valenciano), donde se comprometen a colaborar, llevar a cabo acciones conjuntas y a trasladar a las calles un mensaje basado en cuatro "valores y principios": "defensa de la soberanía nacional", "justicia social", "preferencia nacional" y "defensa de los valores españoles".

Pero esta corriente, no solo es endémica de dos estados. Si nos trasladamos a otros estados como Francia, también encontramos otro proyecto que comparte ideario: Bastion Social. Con varios núcleos en el este de Francia, incluso en sitios como Lyon, que está siendo abonado para ser el epicentro de la extrema derecha francesa con la reciente apertura de un centro de estudios políticos y con la presencia de otros grupos con alcance mediático como Generacion Identitaria.

De esta manera, junto con el resto de corriente nacional revolucionaria, su potencial no se mide en términos electorales, sino que reside en la capacidad de generar un movimiento social y comunitario. Todas las organizaciones mencionadas con anterioridad, a pesar de tener algunas diferencias, mantienen similitudes muy importantes y peligrosas: un populismo multiforme, nacionalismo interior e identitario, crítica al multiculturalismo, islamofobia y racismo, un agresivo discurso contra la mundialización y el uso de los medios propagandísticos para ganar presencia pública (Urbán, 2013). Además, beben tanto de las figuras clásicas del fascismo, en el ejemplo italiano considerándose herederos de Mussolini, como de otros referentes para esta corriente como François Duprat, Ramiro Ledesma…

                                                                             

En la foto Steven Bissuel, segundo por la izquierda, líder de Bastion Social. Sébastien de Boëldieu, en medio, responsable de relaciones internacionales de CasaPound. Melisa D. Ruiz, segunda por la derecha, líder de la Hogar Social Madrid, en un encuentro de CasaPound en Roma el septiembre de 2017) [Fuente ladirecta.cat]

Dicho esto, cabe preguntarse ¿cuál es la relación que mantienen estas organizaciones con otros partidos de la derecha autoritaria conservadora y la derecha radical? Para empezar, es necesario resaltar las relaciones internacionales que se están fraguando mediante encuentros y programas de mínimos. Por otro lado, estas organizaciones no suelen pedir el voto para los partidos con los que comparten gran parte de su programa. Y en el otro sentido, los partidos no se pronuncian de forma crítica acerca de las actuaciones de estos, así asistimos a una desdiabolización de las corrientes nacional revolucionarias por parte de los partidos de la derecha radical con el doble objetivo de legitimar esas ideas, y hacer contrapeso por la derecha.

El problema de los nacional revolucionarios es que los cambios que producen mediante el tejido que generan, resisten más a las oscilaciones de las dinámicas parlamentarias. Es un plan de implantación a medio-largo plazo, más irreversible.

                                                         

A la izquierda cartel de las manifestación que se llevo a cabo simultáneamente en Roma (Casa Pound), Atenas (Amanecer Dorado) y Budapest (Alternativ Europa) en 2016. A la derecha cartel de las jornadas del "Congreso Europeo" organizado por GUD (Groupe Union Défense) en Nanterre que se celebó un año antes.

Por esta misma razón, en el caso español, debemos poner especial atención a estos movimientos nacional-revolucionarios: cada vez más instalados y más normalizados mediáticamente. No obstante, cabe señalar que no se ha dado la correlación de fuerzas necesaria para ponernos en el escenario de Italia o Francia. Pero, sin embargo, el empuje de estas corrientes sí que está acelerando el viraje a la derecha de los espectros más radicales y conservadores. Además, el ascenso de estas organizaciones en diferentes territorios del Estado, está abonando un caldo de cultivo muy peligroso, incluso, en palabras de la misma líder de Hogar Social, no cierran la puerta a llegar a la vida parlamentaria si se dan las condiciones necesarias.
 

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