Feminicidio como forma de terrorismo de Estado contra las mujeres

Por Rubén Alonso Giménez

He reflexionado en torno al concepto de feminicidio relacionando con el "terrorismo de estado", tomando tambien experiencias de una entrevista a una chica que fue maltratada por su pareja durante un año y medio. ¡Espero que lo disfruteis!

FEMINICIDIO COMO FORMA DE TERRORISMO DE ESTADO CONTRA LAS MUJERES

Reflexiones y experiencias en torno a las violencias y asesinatos machistas

1. Introducción y contextualización

La guerra contra las mujeres no es cosa del presente. Silvia Federici ya hablaba sobre esto en Caliban y la Bruja (2004), mientras que Simone de Beauvoir  se convertía en militante cincuenta años antes con El segundo Sexo (1949).

¿Qué ha cambiado desde entonces? La forma de conocer y concebir la guerra, una guerra que se ha vuelto global en el momento en el que hemos abrazado el capitalismo y la globalización como formas de vida extraordinarias. Y bien es cierto que no todo es malo dentro del capitalismo, puesto que por sus acciones y tecnologías, podemos reconocer o darle nombre a lo que siempre ha existido pero que nadie comenzó a contabilizar hasta hace bien poco: el feminicidio. ¿Por qué? Porque la categoría de feminicidio, “se refiere a un fenómeno de proporciones globales: es la violencia extrema contra las mujeres en base a su sexo y su género y, en  este  sentido,  en  su  existencia  y  condición  dentro  de  la  sociedad  y  las estructuras e instituciones de poder” (Gigler, 2012: 62).

¿Por qué podemos/debemos hablar entonces de terrorismo? Porque el estado “moderno”, en sus mil intentos de hacer inconfundibles los rasgos que hacen de las violencias concretamente machistas, se ha olvidado de educar a los hombres, y por qué no, también a las mujeres.

Que en México las mujeres paseen por la calle agarradas por el cuello por parte de sus novios al son de “¡así las llevamos en México!”, no es solo culpa de los hombres, es también culpa del Estado. Que en España murieran 44 mujeres en 2016 (22 en 2017) a manos de hombres dentro de un contexto doméstico, no es solo culpa de los hombres, también es culpa del Estado. Que en Marruecos las mujeres vistan totalmente tapadas al lado de sus maridos con el objetivo de poseer su físico (y por ende, su mente), no es solo culpa de los hombres, también del Estado. Pero es aquí donde nos encontramos con la gran diferencia, ya que “violencia contra las mujeres” abarca muchos tipos de violencias, mientras que el feminicidio, se basa en que el hombre mata a la mujer por el simple hecho de ser mujer. De modo que, “el fenómeno del feminicidio para su adecuada comprensión, debe ser observado y analizado a la luz de diferentes áreas del saber, como son la psicología, la antropología y el derecho (Vera, 2012: 54). Áreas que se han encargado de encuadrar el término dentro de ese basto complejo de violencia(s) que caracteriza al mundo de las mujeres.

La posesión y el control son rasgos que forman parte de la estructura hundida del iceberg, el asesinato es la punta, y con esto, la desigualdad se expresa con más fuerza. Pero, ¿Qué lleva al Estado y su gobierno a intentar acabar con las manos de los hombres que matan, en lugar de con sus cerebros? ¿Hablamos de una guerra perdida? No he conocido guerra más pacífica que la de las mujeres, una guerra que aunque se ha cobrado miles y miles de vidas, es capaz de pararse a pensar, a reflexionar, a tener en cuenta a aquellos que se han equivocado, a luchar desde la equidad, una guerra feminista es aquella que se hace desde la militancia colectiva, produciendo conocimientos que debieran de interesar a todas y a todos. Porque realmente, el conocimiento feminista no solo habla de mujeres, el conocimiento feminista es tan complejo, didáctico y transcultural, que hace de las mujeres y los hombres dos entes capaces de repensarse y deconstruirse culturalmente.

De esta forma, somos capaces de desmontar mitos como los que naturalizan el que “los hombres son seres violentos, que ellos se expresan a través de las violencias porque es su forma de ser, y que las mujeres son víctimas colaterales dentro de situaciones históricas, económicas, políticas y sociales de más importancia que sus vidas” (Gigler, 2012: 59).

 

2. Metodología

Para la realización de este pequeño artículo estilo académico, me he basado en una metodología donde además de una revisión bibliográfica, he llevado a cabo una entrevista en profundidad a una mujer que sufrió durante un año y medio violencia machista (tanto física como psicológica). El objetivo entonces es reflexionar en torno al fenómeno del feminicidio, relacionándolo con el poder del Estado para intervenir en los casos de violencia, algo que hemos denominado el “fenómeno terrorista”, lo cual supone que se den tantos casos de muertes de mujeres a manos de hombres. ¿Por qué llamarlo terrorismo? Porque atentan contra la seguridad de las mujeres imponiendo el terror a ser perseguidas, asesinadas, violadas. Porque supone una vía de escape por parte del gobierno a la hora de tratar los casos de violencia una vez se han dado. Concebimos esta intervención como un “parche”, se intenta curar antes de prevenir.

Por otra parte, la entrevista en profundidad, además de aportarnos experiencias de primera mano por parte de alguien que ha sufrido agresiones físicas dentro de la pareja, supone poder dar voz y queja ante tal fenómeno.

En cuanto a la estructura de la entrevista, esta se ha dividido en dos partes. La primera se basa en describir el caso, mientras que en la segunda se realizaron preguntas específicas sobre el papel de la mujer a la hora de denunciar, el trato recibido y la confianza depositada en las fuerzas de seguridad del Estado y las políticas y regulaciones que el gobierno utiliza para tratar los casos de violencia machista.

Estas son algunas de las preguntas específicas:

  • ¿Pensaste en algún momento como el Estado o las fuerzas de seguridad podían ayudarte a salir de tal situación?
  • ¿Por qué no denunciaste?
  • ¿Crees que la violencia machista es un aspecto que está bien tratado por parte del Estado? ¿Por qué?
  • ¿Cómo crees que se podría tratar antes de que la violencia se exprese?

 

3. Reflexiones en torno al papel del Estado en materia de violencia machista

La mujer entrevistada cuenta que durante el último año y medio de relación, su vida se volvió un infierno. Pasó de un estado de enamoramiento máximo a vivir dentro de una relación violenta donde llegó a escuchar cosas como: “Imagina que nos estrellamos y morimos juntos” (Rosa, 2017). Los celos, el ideal de amor romántico que todo lo puede, el “te quiero y eres mía”, aparecen en esta relación no solo como un motor de cambio que pueda provocar estas situaciones dentro de la relación, sino que provocara que la guerra y la violencia hacía ella sean de una gravedad mayor que si estos ideales y mitos no existieran.

El problema es que estas relaciones donde aparecen sentimientos de posesión, de celos y de control, están motivadas y legitimadas por un “contrato entre iguales”. Toda teoría del contrato social empieza por el “contrato sexual”. En el siglo XVIII, la burguesía empieza a explicar a las mujeres cuál es su nuevo rol, dentro de la afirmación del sujeto burgués (varón) como futuro soberano (Pérez, 2014).

La pregunta es: ¿Es el Estado motivador y legitimador de este mito del amor romántico como sistema de control? “Él me decía: tu elegiste salir conmigo, y con eso asumías todas las consecuencias. Eres mía” (Rosa, 2017). Desde este punto de vista, poseer a una mujer no parece una tarea difícil, y más aún cuando vivimos en un sistema corrupto donde: “si yo voy a la policía y les explico... Y ellos me dicen, “no pasa nada mujer, no os peléis que sois jóvenes” ¿De primeras vas con un moratón y lo van a meter en la cárcel? Necesitan pruebas” (Rosa, 2017).

¿Dónde está el problema? En la imposición por parte del Estado a entrar en la vida doméstica ya que los roles repartidos funcionan bien. Las mujeres se representan dentro del espacio doméstico como productoras, mano de obra gratis y eficiente, que a la vez ve representada su feminidad en el mismo espacio. El hombre por su parte, se representa como sujeto fuera del espacio doméstico, y su masculinidad se ve representada en las relaciones sociales, en el espacio no-domestico, en el dinero, y en su mujer, la cual le proviene de todos los bienes y servicios que necesita. Al Estado, y a la población en general, le cuesta mucho desmontar estos roles y mitos, roles que intentan repartir el trabajo de forma que los sujetos se vuelvan cadenas de producción de bienes.

Además, dentro de estos roles que se tornan estereotipados, existen mecanismos de control y de violencia que se pueden utilizar en contra de los/as implicados/as dentro de una relación afectiva. Así lo define la entrevistada: “Mis complejos los utilizaba en mi contra. Me decía cosas como: ¡Te pasa como a Dumbo, no puedes volar con las orejas porque te pesa el culo!” (Rosa, 2017).

¿Pero hasta qué punto podemos decir que el Estado tiene poder para regular estas violencias? No necesitamos que sea 1984 y que una telepantalla nos vigile las 24h del día, necesitamos que se forme a las niñas y niños en materia de género desde pequeños. Necesitamos que se forme al profesorado en materia de género, necesitamos que los y las políticos/as, cuya edad media ronda los 50-60 años y que han sido educados y socializados en un medio totalmente diferente al actual, sean formados en materia de género. La entrevistada lo define de la siguiente manera: “Igual que nos enseñan materias escolares para que seamos personas de provecho, que nos enseñen a ser una buena persona” (Rosa, 2017).  

Hasta que las mentes que regulan y gobiernan no cambien, no lo hará el Estado y la comunidad:

“Mi fin era denunciar, pero primero sabiendo cómo hacerlo. De primeras no confió en el sistema. Tenía miedo de que se enterara y la siguiente fuera aún peor” (Rosa, 2017).

¿Hacen falta más pruebas para considerar a estas violencias “terrorismo de Estado”? ¿No es el terrorismo la fomentación del miedo a través de la violencia y el asesinato? “No solo duelen los golpes” dice Pamela Palenciano, también duele el insulto, la amenaza, el control y el miedo que todos estos factores inculcan. El Estado no está haciendo nada para evitar estas muertes, es su terrorismo y forma parte de esas muertes.

 

5. Bibliografía

· Atencio, G. (2015). Feminicidio. Introducción al concepto y categoría. Feminicidio. El asesinato de mujeres por ser mujeres. Madrid, FIBGAR/Catarata.

· Feminicidio.net. [Consultado 20/03/2017]: http://www.feminicidio.net/menu-feminicidio-informes-y-cifras

· Gigler, A. (2012). Nos tienen miedo: Feminicidio y el odio institucionalizado. Viento sur: Por una izquierda alternativa, (121), 58-65.

· Pérez Orozco, A. (2014). La familia nuclear o la construcción violenta de la norma y la normalidad. Subversión feminista de la economía. Madrid. Traficantes de Sueños. Madrid. (pp. 172-176).

· Vera, R. (2012). Feminicidio, un problema global. Jurídicas CUC, 8 (1), 35 – 56.

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