El sindicato en el capitalismo post-crisis

Por Eneko Ander Romero

El sindicato en el capitalismo post-crisis. Estrategia y agenda sindical para la construcción de lo común

Introducción

Corría el año 2008, prácticamente el inicio de la crisis económica que se arrastra hasta día de hoy, cuando Nicolás Sarkozy habló de la necesidad de una “refundación del capitalismo”. Diez años después sí podemos hablar sobre una refundación del capitalismo, o un capitalismo post-crisis. Una especie de post-fordismo radicalizado, acompañado de recetas neoliberales aún más profundas y basado en una fórmula de acumulación de capital basada en la desposesión [1] de ámbitos sociales y económicos anteriormente desmercantilizados –y desfamiliarizados- durante “treinta años dorados” del fordismo.

En el constante  doble movimiento[2]relación dialéctica entre el mercado y la comunidad, con cuyo “equilibrio” se desarrolló el Estado de Bienestar, el sindicato se instaló como parte fundamental del Estado tripartista, la triada formada entre Estado, patronal y el propio sindicato. Los niveles de desmercantilización –y desfamiliarización- y de cobertura de derechos y asistencia social varían en base al contexto histórico, social y cultural de cada territorio[3] pero este fue un fenómeno generalizado en occidente, a cambio la izquierda debería aportar por lo que alguno llamaría “lucha de clases democrática”[4].

En este contexto, el sindicato representaba los intereses de una parte importante de la clase trabajadora, los trabajadores core, trabajadores industriales con altos niveles de estabilidad y sueldos suficientes para mantener a toda la familia. Trabajadores que si bien resultaban hegemónicos en el imaginario colectivo, resultaba ser una mayoría relativa[5]. Así, a partir de los años 60 (re)surgió lo que ha sido llamado el triple movimiento[6]organizado en los denominados nuevos movimientos sociales. Sujetos excluidos o como mínimo invisibilizados en el contrato social fordista, que se mostraban críticos no solo con el mercado sino que también con la idea hegemónica de comunidad, denunciando que el Estado de Bienestar se basaba en trabajo no pagado –feminizado- y en el patriarcado del salario[7].

No es casualidad, como nos demuestra el materialismo dialectico, que la crisis ideológica del fordismo se dé a la par que la transición al post-fordismo, donde la producción en cadena de productos homogéneos entra en decadencia[8]. La evolución del sindicalismo en el posfordismo así como su nueva transición tras la crisis del año 2007 serán el hilo conductor de este trabajo, que adopta, por su limitación espacial, forma de reflexión[9].

1. El sindicato, agente estructurado y estructurante

A la hora de analizar el sindicalismo existen diferentes opciones metodológicas. Desde el análisis más estructural, en el que el sindicato juega casi un agente pasivo, o incluso en ocasiones desde perspectivas marxistas[10] como un actor que no puede escapar de su esencia cuasi-natural –reformista, en este caso-, a perspectivas únicamente agenciales, donde se estudia la agencia tratando el contexto en el que se desarrolla como algo prácticamente contingente, buscando la optimización de los recursos sindicales.

En nuestro caso, tratando de superar el binomio estructura-agencia, analizaremos brevemente el enfoque de poderes. El poder sindical[11], o poder de clase[12], nos permite entender el papel del sindicalismo dentro de su contexto espacio-temporal, y basado en características socioeconómicas concretas.

Siguiendo la perspectiva del poder de clase, a nuestro modo de ver una perspectiva más sintética pero completa, dicho poder dependerá de la posición relativa de los agentes sociales en las relaciones económicas –donde, desde esta perspectiva, entraría el poder negociacional dentro del mercado de trabajo, en el lugar de trabajo y el poder como consumidor-, en las relaciones políticas –poder para legislar, o influir en la legislación, y para la negociación colectiva- y en las relaciones ideológicas –poder para constituir una identidad o conciencia de clase, para asociarse, para asociarse, para organizar y articular intereses colectivos, para forjar alianzas, y para “aprender, reflexionar y enmarcar los problemas sociales.

Brevemente, y haciendo un repaso sobre las características del capitalismo occidental post-crisis, trataremos de dar algunas pinceladas sobre la situación general en cada uno de los espacios aludidos.

  • Relaciones económicas. En este sentido, parece especialmente interesante subrayar la transformación cada vez más rápida del trabajo[13] en lo que ha sido llamado “economía 4.0”, economías “colaborativas”, “circulares”, etcétera, que transforman radicalmente la relación del empleado para con los procesos de producción, distribución y consumo, así como con sus empleadores de hecho o de derecho[14]. A su vez, si en la literatura sobre el mercado de trabajo “interno” y “externo” se le debe de añadir los factores de cualificación, nivel de desempleo y precarización, que si bien son conceptos interdependientes, están presentes de diferente manera en dichos mercados de trabajo[15]. Sobre el consumo, solo destacar la ventana de oportunidades abierta por la precarización generalizada para constituir nuevas solidaridades pese a la atomización del trabajo[16].
  • Relaciones políticas. Sobre la capacidad para legislar, es indispensable conocer los procesos de des-democratización producidos por los cambios de escala en la toma de decisiones políticas y en las nuevas formas de gobernanza, que derivan en una privatización de la democracia[17]. En lo que respecta a la negociación colectiva, especialmente interesante es observar la evolución de la concertación social fordista, hacia una concertación “competitiva” posfordista y finalmente a la concertación de crisis[18], basada en negociaciones a la baja a cambio de mantener el empleo, una tendencia que parece tardará en desaparecer.
  • Relaciones ideológicas. Muy brevemente, las formas de subjetivación derivadas de las formas de regulación y las políticas públicas neoliberales, derivan en formas de subjetivación competitivas[19], que rompen con las identidades ocupacionales tradicionales creando  en ocasiones sensación de desesperación[20], si bien, como hemos dicho, crean diferentes oportunidades para la movilización y la constitución de nuevas formas de solidaridad que permiten articularse con agentes excluidos del pacto social fordista.

2. Estrategias, agenda y escala

Ante esta situación, y dentro de lo que desde la escuela estratégico-relacional ha sido llamado Régimen Posnacional del trabajo schumpeteriano[21], se identifican cuatro estrategias principales en el state building[22] posfordista: la neoliberal, neocorporativista, neoestatistal y neocomunitarista[23]. Si bien podemos cuadrar las diferentes políticas públicas o sus propuestas en estas estrategias, aparecen habitualmente de forma conjunta, por lo que no podemos analizarlas como bloques cerrados.

En lo que respecta al sindicalismo, observamos que sus estrategias encajan de manera mayoritaria en las neocorporativistas y neoestatista, rechazando las estrategias y propuestas neoliberales, pero acercándose incipientemente al neocomunitarismo o articulándose con movimientos y agentes que podríamos encuadrar en estas estrategias.

Las propuestas neocorporativistas por parte de los sindicatos, sobre todo en lo que respecta al ámbito europeo, tiende a ligarse a la escala de la negociación[24]. No es usual que los sindicatos apuesten por modelos de gobernanza que incluye más agentes, pero sí lo es el reclamo de regulaciones a nivel europeo, buscando en la UE una relativa mejor correlación de fuerzas –sobre todo en lo que respecta a los países periféricos de la UE- y posibles alianzas con gobiernos progresistas, si bien el resultado ha sido limitado.

La estrategia neoestatista también está presente en el sindicalismo. El Estado nunca ha renunciado a su capacidad[25][26], por lo que retomarla para una nueva forma de contrato social basado en la soberanía es, explícita o implícitamente, una de las demandas más clásicas del sindicalismo. Que el Estado cumpla con su papel regulador –que continúa realizando mediante una redistribución a la inversa[27]- en la constitución de un nuevo Estado de Bienestar.

Finalmente, cabe destacar el acercamiento a la estrategia neocomunitarista y a las formas de acción colectiva basadas en la economía social y solidaria o a las llamadas “alternativas económicas”[28][29], no solo mediante la recuperación de empresas, sino mediante la articulación con movimientos sociales o con asociaciones de economía transformadora en diferentes formatos de movilización, propositivos, etcétera. Este es el caso por ejemplo de la mayoría sindical vasca mediante la Carta de Derechos Sociales.

Últimas reflexiones

Visto lo visto, debemos de tener en cuenta que cada propuesta, cada alianza e incluso cada forma de acción colectiva nos dirigen a una de estas estrategias; y cada una de dichas estrategias tienen efecto en el poder sindical o de los y las trabajadoras. Las estrategias neocorporativistas que apuestan por alejar los lugares de toma de decisión, así como las que apuestan por recuperar o reforzar las formas de concertación obviando la debilidad estructural y agencial del sindicalismo y la clase obrera en su conjunto, no parece muy aconsejable.

Por otro lado, las propuestas presentadas en este curso parecen aclarar la apuesta por una estrategia neoestatista, lo que nos llevaría a la necesidad del sindicalismo de articularse a diferentes niveles. No obstante las incapacidades de dicha articulación para alcanzar al Estado y su capacidad, conduce a la clase trabajadora organizada cada vez más hacia estrategias neocomunitaristas, “hermenéuticas de la emergencia”[30] que no cuentan con la capacidad del Estado para una reproducción social universalizadora. ¿Cómo conjugar la potencialidad emancipadora del neocomunitarismo con la capacidad institucional? A esa pregunta se le ha dado respuesta a lo largo del curso, quizás la pregunta debería ser como alcanzar al Estado y/o qué tipo de institucionalización queremos.

 


[1] Harvey, David, El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión, Buenos Aires, CLACSO, 2005

[2] Polanyi, Karl, The Great Transformation, 1944

[3] Esping-Andersen, Gosta, Fundamentos sociales de las economías post-industriales, Madrid, Ariel, 2000

[4] Ibidem.

[5] Béroud, Sophie; Bouffartigue, Paul, Precarizaciones salariales y resistencias sociales: ¿Hacia una renovación de la mirada sociológica desde el caso francés?, “Cuadernos de relaciones laborales”, 2013, 31 (2), pp. 455-472

[6] Fraser, Nancy, “A triple movement? Parsing the Politic of the Crisis after Polanyi”, New Left Review, 81, May-June, 2013, pp. 119-132

[7] Federici, Silvia, Soldataren patriarkatua. Marxismoari egindako kritika feminista, Iruñea, Katakrak, 2017

[8] Letamendia, Francisco, Estructura Política del Mundo del Trabajo: fordismo y posfordismo, Madrid, Trota, 2009

[9] Trataremos, en cualquier caso, de añadir una importante cantidad de bibliografía para poder profundizar en las diferentes cuestiones.

[10] Hyman, Richard, Marxism and the Sociology of Trade Unionism, London, Pluto Press Limited, 1971

[11] Urban, Hans-Jürgen, Entre el corporativismo de crisis y la revitalización. Políticas sindicales en la era del capitalismo financiero europeo, en: Lehndorff, Steffen (ed.), “El triunfo de las ideas fracasadas”, Madrid, Catarata, 2015, pp. 272-297

[12] Jon Las Heras realiza, apoyado en un enfoque gramsciano-regulacionista, una interesante síntesis sobre la literatura respecto al poder sindical o de clase. Ver más en: Las Heras, Jon, “United we stand, divided we fall: poder de clase, cadenas de valos y estrategias sindicales en el parque de proveedores de Mercedes-Benz Vitoria-Gasteiz”, “Lan Harremanak/35 (2016-II) (305-329)

[13] Sobre las nuevas tipologías del trabajo, incluyendo las aportaciones feministas sobre el (falso) binomio producción/reproducción y el trabajo no pagado, ver: Huws, Ursula, Labor in the global digital economy, New York, Monthly Review Press, 2014

[14] Huws, 2014.

[15] Ibidem, p. 35

[16] Béroud, Bouffartigue, 2013

[17] Goikoetxea, Jule, Privatizing Democracy: global ideals, european politics and basque territories, Oxford, Peter Lang, 2017

[18] Urban, 2015

[19] Laval, Christian; Dardot, Pierre, La nueva razón del mundo, Barcelona, Gedisa, 2013

[20] Bauman, Zygmunt, Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias, Buenos Aires, Paidós, 2005

[21] Jessop, Robert, El futuro del Estado capitalista, Madrid, Catarata, 2008

[22] Sobre state-building, o la institucionalización de las estrategias de reproducción social, ver también Goikoetxea, 2017.

[23] Jessop, 2008, pp. 317-325

[24] Bernaciak, Magdalena; Gumbrell-McCormick, Rebecca; Hyman, Richard, Syndicalisme européen: de la crise au renouveau, Bruxelles, ETUI, 2015

[25] Goikoetxea, 2017

[26] Sobre el Estado y su transformación ver: Saskia Sassen, Territorio, autoridad y derechos: de los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales, Katz, Buenos Aires, 2010.

[27] Harvey, David, Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, Madrid, Traficantes de Sueños, 2014

[28] Sousa Santos, Boaventura; Rodríguez-Garavito, César, Alternatives économiques: les nauveux chemins de la constestation, Hillenkamp, I. y Laville, J. L. (dir.), « Socioéconomie et démocratie. L´actualité de Karl Polanyi », Toulouse, Eres, 2013, pp. 127-147

[29] Sobre las alternativas económicas, ver: Seminari d´Economia Taifa, Reflexionando sobre las alternaivas. Informes de economía crítica 9, Barcelona, 2013.

[30] Sousa Santos, Rodríguez-Garavito, 2013

 

[Imagen de https://i2.sdpnoticias.com/sdpnoticias/2017/11/25/1145_sindicato_620x350...

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